Una Capilla con el sello de Alejandro Christophersen

El 25 de marzo de 1889, día de la Anunciación, se colocó la piedra fundamental, que fue bendecida el 3 de noviembre de 1900 por Monseñor Juan N. Terrero, a la sazón obispo de La Plata. Fueron madrinas de la inauguración la Reverenda Madre Imelda y la Sra. Teodelina Fernández de Alvear.

La Capilla fue construida por encargo de la Asociación de Hijas de María del Colegio, de larga y activa trayectoria en la pastoral seglar de entonces.
La magnífica obra, concebida por el arquitecto Alejandro Christophersen, evoca el gótico francés de la segunda época; particularmente la catedral de Amiens recuerda enseguida nuestra Capilla, con sus columnas fasciculadas y las perfectas proporciones entre la altura, 20 metros, el ancho de las tres naves, 14 metros, y la planta en cruz latina, 40 metros.
De inspiración gótica es también el Via Crucis, alto relieve en madera policromada de singular valor.
La mayoría de los materiales: bronces, maderas, altares, fueron traídos desde Francia, al igual que los preciosos vitrales, procedentes de Toulouse.
Dos características simultáneas se destacan enseguida: la exquisitez de los detalles y la armonía de conjunto. Desde el altar mayor a los confesonarios (verdaderas capillitas en miniatura, una novedad entonces), desde el púlpito a los altares laterales, cada rincón copia o recrea el ámbito general, suscitando entre todos una admiración sin reservas.

Muy poco después de la inauguración se incorporó el órgano, una pieza salida del taller del constructor alemán Ernst Klassmayer a fines del siglo XIX. Es ejemplar único en Sudamérica, y sólo se registran dos o tres en todo el continente. Su notable calidad acústica se mantiene invariable.

El paso del tiempo no ha hecho sino reforzar la emoción que se siente al entrar en esta Capilla: tan exquisita en cada detalle como armoniosa en su conjunto, nos recibe como un auténtico remanso de espiritualidad.